
Hiperpares
4 Gener 2009Essent ja un bon grapat els socis que tenen descendència, aqui vos adjuntam un interessant article que ens ha fet arribar el soci Javi.
<<Padres, no amigos
Colegas o ‘hiperpadres’, muchos progenitores viven el desconcierto de ver
crecer a sus hijos huérfanos de modelo y de límites
INMACULADA DE LA FUENTE 02/01/2009
El niño de seis años se encarama en el carro del supermercado mientras sus
padres lo empujan y sortean estanterías. Es él quien dirige la compra y
elige los productos que acaban en el carro. ¿Croquetas, pizzas, zumos? Para
él es un juego, pero la decisión de compra está en sus manos. “Se le da un
papel de adulto. Algo que se repite en otras situaciones diarias.
El niño de seis años se encarama en el carro del supermercado mientras sus
padres lo empujan y sortean estanterías. Es él quien dirige la compra y
elige los productos que acaban en el carro. ¿Croquetas, pizzas, zumos? Para
él es un juego, pero la decisión de compra está en sus manos. “Se le da un
papel de adulto. Algo que se repite en otras situaciones diarias. No hay un
modelo de autoridad saludable”, señala Ana Sáenz, psicóloga vinculada al
centro Marie Langer, especializado en ofrecer propuestas sobre malestares
cotidianos. Sáenz reside en Bilbao, está integrada en la red de psicología
Procesos Correctores Comunitarios (Procc) y colabora con colegios e
instituciones. “Para crecer los niños necesitan sentirse seguros y
autónomos, pero muchos padres desconocen las necesidades vitales de cada
periodo. Se les exige mucho en ciertos aspectos y se les sobreprotege en
otros”, asegura.
No están ausentes, pero en ocasiones desertan. Muchos padres y madres,
además de guardar en la cartera las fotos de sus hijos, tienen la sensación
de llevarlos a cuestas. Suelen ser padres condescendientes, colegas en
lenguaje coloquial, o hiperpadres. ¿Pero son padres y madres? No, son
amigos, o animadores sociales y, si son perfeccionistas y tienen tiempo,
profesores domésticos, pero no siempre ponen límites a los afanes
consumistas y expansionistas de sus hijos. A no ser que su bolsillo flaquee,
les violenta menos comprar un juguete o la maldita chuchería que repetir
cada tres minutos en un tono sereno que no pueden tener todo lo que ven.
Muchos tienen criterio, lo que no saben es decir que no sin enfadarse; otros
pasan en pocas horas de ser padres modélicos a sentirse víctimas. “Prefiero
no enterarme de algunas cosas para no estar todo el día de gresca”, afirma
el padre de una adolescente. “Paso del grito a la autocompasión y hasta
empiezo a hablar sola por el pasillo”, admite la madre de un chico
preadolescente y otro al final de la ESO.
El modelo de padre y madre ha experimentado varios cambios en los últimos
años, pero algunos han perdido el guión en medio del viraje. En algunas
familias el padre o la madre son figuras desvaídas, fotocopias que podrían
imantarse en la nevera junto a los recados urgentes. “Juan, mañana tienes
examen de Cono… Estudia, no me seas vago”. “Oye Vanessa, reina, si llevas
una hora con la PSP, ahora no te pongas a bailar con la Wii, ¿eh?”. Su papel
es insustituible, pero a veces les resulta ingrato, grande, aplastante. Les
cuesta ejercer y mantener cierta insobornable autoridad. Pero si ellos dejan
de ser padres, sus hijos se quedan huérfanos y sin referentes, advierte
Emilio Calatayud, magistrado del Juzgado número 1 de Granada.
En el otro extremo, o mezclado con ese modelo amable, se encuentran los
hiperpadres, arquitectos mentales de completos currículos de futuro para sus
vástagos. Pintura, música, baloncesto. ¿Qué más? Algunos parecen estar
examinándose cuando juegan con sus hijos. ¿Lo están haciendo bien? Todo les
parece poco. ¿Todo por sus hijos, pero sin sus hijos? “¿Qué clase de niños
quieren?”, pregunta Sáenz. “El modelo que se les propone es el de la
sociedad de consumo, aquello que funciona. Por ejemplo, se niega la
pubertad, etapa en la que salen afuera y se despiden de su infancia. Se
busca que pase cuanto antes y se adelanta la adolescencia por influencia de
la televisión. Se les roba así parte de su niñez y se les empuja a adoptar
un prematuro rol juvenil”. En definitiva, dan bandazos e incluso adoptan
ellos el papel de niños, haciendo como que lloran o imitando sus rabietas,
apunta Sáenz. “¿Qué autoridad muestra un adulto que actúa así? Algunos niños
pueden pensar: ‘¿Y éste es el que me cuida?”.
Carmen Loureiro, psicóloga de Nexo y colaboradora del Centro Abierto
Tomillo, en Madrid, piensa que “el denominador común entre los padres es la
culpabilidad”. Gracias a esa culpabilidad proliferan las escuelas para
padres en colegios o gabinetes psicológicos. El vacío es tal que José
Antonio Marina acaba de crear una universidad para padres virtual.
Nunca hubo padres tan informados, pero algunos siguen cursillos y hasta
exploran en Internet foros educativos. En especial cuando sus hijos llegan a
la ESO. “Mereció la pena mientras fue pequeño. La fiesta acabó con la
adolescencia”, afirma una madre. La clave la da Alicia Fernández-Zúñiga,
psicóloga y directora del Instituto de Lenguaje y Desarrollo (ILD), en
Madrid: “Lo que no hagas cumplir antes de la adolescencia será imposible
exigirlo después”.
“Yo soy padre de mis hijos, no su colega”, dice el juez Calatayud. “Por
temor a ser autoritarios nos da miedo decir no”, continúa. Emilio Calatayud
reconoce que es más fácil ser juez que padre. “Hay que poner límites a los
hijos desde el primer minuto de vida. Luego cuesta más”, avisa. A veces los
padres se descuidan y el chaval díscolo acaba en el juzgado. “Hay un empeño
en judicializar todo, pero por suerte el 80% de los jóvenes que cometen
delitos no son delincuentes”, explica. Se refiere a chicos que han cogido
una moto ajena, han cometido un pequeño robo o han participado en una pelea.
Suele imponerles castigos en beneficio de la comunidad, sea el cuidado de
discapacitados o la limpieza de espacios públicos. Quiere que sean
conscientes de sus actos y que entiendan que hay que ser solidarios y no
depredadores. Se convierten así en voluntarios forzosos durante un tiempo.
En algunos casos, la sanción incluye sacarse el graduado escolar o terminar
la enseñanza obligatoria. La mayoría no reincide. Un 20% entra en una
espiral peligrosa.
“Claro que hay que poner límites claros y sencillos. Muchos niños no
calculan bien las consecuencias de sus actos, no tienen perspectivas. No
podemos renunciar a señalar límites en situaciones cotidianas”, opina Carlos
Espinosa, docente e inspector de Educación en Málaga. “Estoy a favor de las
sanciones integradoras y no de los castigos desintegradores”, prosigue.
“Echarle de clase si molesta sólo sirve para que el chaval pierda el tiempo,
pero encargarle que recoja las pelotas del patio, o de todas las pilas del
colegio para llevarlas a reciclar, sí es útil”, agrega. Espinosa es coautor
del libro Los niños y jóvenes del tercer milenio, y sostiene que los alumnos
son cada vez más espabilados y curiosos, aunque no conecten con el saber
formal o no siempre sean buenos estudiantes.
Al igual que el juez Calatayud, Espinosa ha tratado tanto a muchachos de
ambientes marginales como a chicos malos de buenas familias. Entre unos y
otros hay abismos, advierte, aunque coincidan en los juzgados. Los primeros
crecen entre carencias y son rebeldes, “pero van por otros derroteros”,
dice. Los hijos de clase media que maltratan a niños y ancianos sin que sus
músculos se alteren son maestros de la simulación y suelen ser más
peligrosos. “Con muchos de ellos las técnicas educativas fracasan, son
maltratadores, y hay que combinar distintas terapias”, sostiene.
“Hay una tendencia a dejar hacer”, reconoce Alicia Fernández-Zúñiga. “Pero
es preciso establecer unas pautas y cumplirlas. Está demostrado que los
niños que siguen unas normas crecen más seguros que los que carecen de
ellas. Los que no las incorporan se vuelven más tiranos, no más seguros”,
señala. Fernández-Zúñiga observa que el cachete es ya algo infrecuente. Lo
que percibe en muchos padres es cansancio, pensar: “Pero si tiene de
todo…”. En los talleres de padres que imparten en su centro, más de una
vez ha convocado a abuelos y cuidadoras. “Estas últimas pasan mucho tiempo
con los niños, sin tener autoridad y en ocasiones criterio”. Sería
interesante plantearse una escuela de cuidadoras y no sólo de padres,
comenta.
Emilio Calatayud registra desde hace unos cuatro años un incremento de
violencia familiar protagonizada por menores, así como grabaciones de peleas
entre compañeros en el móvil, como si fuera un hito. Percibe también una
mayor participación de niñas en episodios violentos dentro del ámbito
familiar. Y al mismo tiempo, situaciones de violencia de género en primeras
parejas. “En alguna ocasión ha habido que dictar órdenes de alejamiento de
sus ex novias a chicos de 14 o 15 años”, reconoce.
El juez piensa que en la todavía joven democracia española “se insiste más
en derechos que en deberes, lo que favorece todo tipo de contradicciones,
hasta caer en el absurdo”. No entiende cómo se le ha condenado a la madre de
Jaén que pegó a su hijo de 10 años a un año de alejamiento. “Supongo que la
condena se ha fundamentado en el artículo 173, pero quizá habría que volver
a redactarlo. Está muy bien corregir sin atentar contra la integridad
física, pero también hay que ejercer de padre o madre”, sostiene.
Un abeto entrelazado de guirnaldas. Felicidad de familia numerosa con
chimenea. Los anuncios navideños transmiten un tipo de familia tradicional
que ha dejado de ser mayoritario. Las familias de un sólo adulto con uno o
dos hijos o las numerosas a fuerza de reconstituidas son tan reales como las
otras. “El desconcierto de muchos padres se agrava porque ellos mismos están
en precario con su proyecto de vida o con su pareja”, afirma Sáenz. “A
muchas mujeres, a pesar de haber separado su doble condición de madres y
trabajadoras, les cuesta separarse de sus hijos por motivos laborales”,
añade. Por su parte, Carmen Loureiro recuerda que “el estrés, la inmadurez
emocional de los padres y la confusión entre las necesidades de los niños y
las que nosotros les atribuimos, confluyen en reprimendas inútiles que
lastran la verdadera comunicación. Algunos fantasean sobre cómo deben ser
sus hijos y se frustran si no cumplen sus expectativas. Olvidan que un niño
necesita sentirse aceptado y saber que el amor de sus padres es
incondicional”, agrega.
“Es útil saber y poder decir no sin que te cause trauma, y explicar a tus
hijos que no son raros por no tener Play”, afirma Mariana Peláez. Asistió a
un taller de padres del centro Marie Langer a través del colegio Siglo XXI
de Madrid al que acuden sus dos hijos. “Surgen temas que nos interesan y se
escenifican conflictos sin contar nada íntimo”, añade. Francisco Javier
Santaella, director de una entidad financiera, y su esposa, padres de tres
hijos, han seguido en Andalucía un taller similar. “Hubo un antes y un
después tras el taller”, asegura. “Al casarte todo parece idílico, pero con
los hijos surgen contradicciones”, admite.
“La falta de conciliación está en la raíz de los problemas”, opina una
experta en educación de la Fundación Tomillo que trabaja ahora con hijos de
inmigrantes. “Con 12 años, hay niños que pasan la tarde solos, o con una
cuidadora. Los niños aprenden a través de modelos y si no lo encuentran en
sus padres traspasan al grupo de iguales sus expectativas. Las habilidades
comunicativas de los padres son decisivas: su actitud cuenta tanto como sus
palabras. Sin embargo, muchos llegan cansados después de relacionarse con
sus compañeros y sus habilidades aparecen menguadas”.
Los niños son esponjas y captan cada gesto, recuerda Loureiro. “No están
peor educados que antes, lo que sucede es que hay que dirigir sus emociones
desde la motivación”, concluye.
APRENDIENDO A SER PROGENITORES
- Hijos y padres tienen igual dignidad, afirma Jesper Juul (Los valores para
la familia de hoy. Maeva), pero no son iguales. Los niños necesitan el
liderazgo de sus padres. Un faro que emita señales claras y reguladoras.
- Con niños poco dispuestos, más que iniciar una batalla campal por los
deberes, hay que fragmentar tareas: “Ahora estudiamos, luego hacemos algo
que te guste, y volvemos a estudiar”, sugiere Alicia Fernández-Zúñiga.
- “Se lo he dicho ya…” Hay que repetir con firmeza (y sin ira), lo que
esperamos de los niños.
- Nuestros abuelos decían siempre “no” (por seguridad) y los padres de hoy
“sí” (por seguridad), señala Juul. Hay que decir “sí” o “no” por convicción.
- Las familias españolas apenas reconocen conflictos. Un 23,7% forma un
núcleo unido; un 42,9%, coexiste de modo pacífico, y un 15% es problemática
(Estudio Gerardo Meil/La Caixa).>>